miércoles, 24 de febrero de 2010

Dame luz, 
dame luz, dame 
luz, que ya viví así
, y no quiero más oscuridad.

martes, 23 de febrero de 2010

Dormir, soñar,
despertar,
caminar,
correr,
subir,
bajar,
caminar, sentarse, pensar, escribir, pensar, escribir, decidir, terminar. Caminar, subir, sentarse, bajar, caminar, subir, acostarse, dormir y soñar...
¡Y usted y yo somos culpables!

sábado, 20 de febrero de 2010

Busco una solución,
no la encuentro,
buscas vos, tampoco la encontras, decimos basta,




pero empezamos de nuevo...
Quieto,
quieto,
quieto,
¡quieto!

miércoles, 17 de febrero de 2010


Yo miro por la
ventana
y mi alma
se desparrama
el pino caer las hojas
y en el camino las ramas rotas

siempre hay un idiota que bajo la lluvia se moja
pero lavo mis heridas,
mis recuerdos me sonrrojan.

Mi corazon descansa a ver los dias que caen,
el agua que se descalza del cielo esperanza trae
siempre hay un amor que viaja a traves del pensamiento
y llega desde muy lejos a reflejar en mis espejos.

El silencio que siento, el silencio es eterno
el silencio...

lunes, 15 de febrero de 2010


Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, esloganes, membretes y falsas ocurrencias.

Por fin el hombre supo que habia llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del pais, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café.

-Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar facilmente un destino histórico retrospectivo.
-Traducí lo que dice- mando el tiranuelo a su interprete.
-Habla en argentino, Excelencia.
-¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada?
-Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-.
Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.

El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos.

-Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podra decirlas.

-¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café.

-Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frio, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.

Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.

Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegandole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.

Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.

Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.

domingo, 14 de febrero de 2010

Y mi cabeza se me enfrenta en una noche de solo pensar...

viernes, 12 de febrero de 2010


Mil y una vueltas antes de dormir con una lámpara de 40 que titila y amenaza con quemarse, una caja de recuerdos cerrada con un bordadito hecho en el 83´, una taza pintada con un dibujo casero, una calco que no vuela, y la pregunta, ¿cuándo vendrá el sueño a calmar el cuerpo esta vez?
Mil y una vueltas en la cama, edredones simpáticos, texturados, esos que cuentan su propia historia, monologan, monologan, monologan. Y dicen mucho ya sé. Yo, sin ya sés, estoy antes de dormir, observando la titilación amenazante de un mosquito que da vueltas y vueltas, mil y una antes de picarme. Texturada le digo “cuando te decidas, mosquito, voy a posar mi palma en tu estructura y voy a aplastarte”. El dice, ya sé”.
Mil y una vueltas que pasan por el cuerpo, calcadas, y del cuerpo al deseo de dormir y el deseo da mil y una vueltas antes de que llegue el sueño, dormirse como el cuerpo y como yo en el 83´, cuando fui una lámpara de 40 iluminando un monólogo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Un cronopio iba a lavarse los dientes junto a su balcón, y poseído de una grandísima alegría al ver el sol de la mañana y las hermosas nubes que corrían por el cielo, apretó enormemente el tubo de pasta dentífrico y la pasta empezó a salir en una larga cinta rosa. Después de cubrir su cepillo con una verdadera montaña de pasta, el cronopio se encontró con que le sobraba todavía una cantidad, entonces empezó a sacudir el tubo en la ventana y los pedazos de pasta rosa caían por el balcón a la calle donde varios famas se habían reunido a comentar las novedades municipales. Los pedazos de pasta rosa caían sobre los sombreros de los famas, mientras arriba el cronopio cantaba y se frotaba los dientes lleno de contento. Los famas se indignaron ante esta increíble inconsciencia del cronopio, y decidieron nombrar una delegación para que lo imprecara inmediatamente, con lo cual la delegación formada por tres famas subió a la casa del cronopio y lo increpó, diciéndole así:
-Cronopio, has estropeado nuestros sombreros, por lo cual tendrás que pagar.
Y después, con mucha más fuerza:
-¡Cronopio, no deberías derrochar así la pasta dentífrico!

martes, 9 de febrero de 2010


Me tiro al suelo y no me quiero parar  y si me paro 
va a ser para despegar
.
Tanto amor brilla a tu alrededor, si quiero puedo convertirme en cielo.















¿Será que a algunos les cae bien y a mi no me deja entrar?
Hoy le pedí por favor.. que esté conmigo y
no se me esconda
porque perdí mi motor...

lunes, 8 de febrero de 2010



Solo quiere tener la recompensa    y 
seguir abrazando la falsa emoción.


El espejo le encuentra dando vueltas, que si voy,
que no voy y que pienso de mí.

Y ahora que lo pienso bien 
No me acuerdo cuándo te fuiste,










Si fue ayer o antes de ayer
No me acuerdo cuándo te fuiste.

sábado, 6 de febrero de 2010

Que banda pajera!


Voy a reventar a los que se metan
con mi gente

voy a darle palo des
pues
.
Voy a celebrar con el enrroscado
que se cuelgue, voy a darle vida despues.

Y digan lo que digan nadie nos va a votear
porque atras nuestro vienen
toda esa gente de verdad.